Si currar mucho fuera la clave, ya serías libre.
Vale… trabajabas como una bestia, pero ¿a dónde ibas exactamente?
Esto me lo contaba el otro día una alumna de la Mentoría.
Me decía que se había puesto a revisar libretas viejas, de esas que guardas sin saber muy bien por qué, y que de pronto se encontró una página que la dejó tiesa.
Tenía una lista.
Ponía:
“Cosas que tengo que hacer esta semana para que esto tire.”
Había 27 puntos.
Veintisiete.
“Y cuando la leí, me entró la risa”, me decía.
Porque ahí estaba el problema:
No le faltaban tareas, le faltaba dirección.
Y claro, la entendí al instante. La escuchaba y era como escucharme a mí mismo unos años atrás.
Porque en 2020 yo también estaba igual que ella.
Y mientras leía su mensaje, pensé:
“Vale… trabajabas como una bestia, pero ¿a dónde ibas exactamente?”
Y esa, joder, es la misma pregunta que muchos deberían hacerse hoy.
Todos los que publican, postean, hacen reels, podcasts, vídeos, PDFs, directos, funnels, campañas…
Y aun así —no avanzan.
Se levantan antes, se acuestan más tarde, llenan la agenda… y acaban el mes igual que lo empezaron.
Agotados.
Confusos.
Sin ver un puto cambio real.
El tema es que sin dirección, todo esfuerzo se disuelve.
Porque si no sabes a dónde vas, da igual cuánto corras.
Como te decía, yo también estuve ahí, hasta que un día se me hincharon los cojones de hacer el gilipollas y dije basta.
Me dejé ayudar y empecé a construir con cabeza.
Un sistema. Una estructura. Un rumbo claro.
Y te juro que a partir de ahí todo empezó a coger forma.
No porque hiciera más.
Sino porque por fin supe qué coño tenía que hacer.
Y cuando entendí eso, todo cambió.
No fue un “clic mágico” ni un curso milagroso.
Fue estructura. Fue dirección.
Fue acompañamiento.
Y fue justo eso lo que lo cambió todo. Si no, te aseguro que no estaría escribiéndote esto desde Andorra.
En todo caso, cada día escribo una idea para que dejes de currar como un anumal sin llegar a ningún sitio. Apúntate abajo.

