Así cerré mi negocio.
Estaba siguiendo un puto guión que alguien había escrito para mí.
Hice todo “bien”.
Gané más dinero que nunca.
Tenía más clientes.
Más visibilidad.
Más gente diciéndome que “lo estaba petando”.
Y aun así, algo no me cuadraba.
En teoría iba mejor que nunca. En la práctica estaba más tenso, más cansado y con la sensación constante de que el negocio mandaba más sobre mí que yo sobre él.
Porque resulta que más ingresos no significan automáticamente más libertad.
Muchas veces significan más presión, más decisiones, más ruido y más cosas “que ahora no puedes dejar de hacer”.
Empiezas a crecer.
Luego te dicen que tienes que escalar.
Después que necesitas equipo.
Luego funnels.
Luego anuncios.
Luego reuniones para hablar de reuniones.
Y sin darte cuenta estás siguiendo el guion que nunca escribiste tú, pero que todo el circo online da por hecho que es “lo normal”.
Estaba siguiendo un puto guión que alguien había escrito para mí… y yo obedeciendo como un gilipollas bien pagado.
Ahí fue cuando cerré el negocio.
Me estaba convirtiendo en algo que no quería ser.
Porque escalar por escalar nada tiene de libre. Es otra forma guay de meterte en una jaula más premium, pero jaula, al fin y al cabo.
Y esa decisión radical, que muchos todavía no se explican, a mí me salvó la vida.
Dije que basta.
Basta a más complejidad.
Basta a montar cosas solo porque “es lo que toca”.
Basta a depender de modas, plataformas o estados de ánimo.
Y sí a un sistema simple, minimalista, sin empleados ni apenas carga operativa.
Controlable.
Mío.
Un sistema que no me obligara a crecer si no quería, que no me robara energía mental y que pudiera mantener incluso cuando no tenía ganas de estar delante del portátil.
Si ya estás hasta los cojones del guion que alguien escribió para ti, cada día escribo sobre cómo construirlo sin guiones ajenos. Suscríbete abajo.

